miércoles, 6 de noviembre de 2013

Maratón del volcán del Etna

            Salgo en el minuto 1:34. Faltan pocos metros para acabar...de ahí el saltito de sobrada!!

Cuando una se conoce tanto, después de muchos años recorriendo caminos y poniéndose tras la línea de montones de salidas, no le resulta complicado autoinformarse de su situación física y mental tras esos primeros kms de reconocimiento de cualquier carrera.
Tal fue así el pasado Domingo, cuando vete tú a saber porqué carajo de razón, vino a mi mente aquella famosa frase del star wars, en el mismísimo km1...:

"May the Force be with you" o lo que es lo mismo, dicho por el maestro Jedi en versión española, "que la fuerza te acompañe".

No salí bien, ni me encontré ligera ni fuerte en momento alguno. No voy a pensar en todos los supuestos motivos que podrían darle explicación. Dan y daban igual...ni allí había solución y menos aún la hay aquí y ahora (dar explicaciones a toro pasado se llama buscar excusas baratas).
Esa era la sensación y con ella iba a tener que convivir y lidiar durante los 42 kms. Lo asumí tal cual para no perder tiempo en lloriqueos.

A partir de ese momento, la pelea interna entre razón y cuerpo fue de lo más bélica. Entre uno diciendo..."madre mía, hoy no puedes ni con medio culo!"...y la otra..."no le hagas ni puto caso, por culo es por donde le van a dar a tus pensamientos negativos ahora mismo"...
Ángel y Demonio, el yin y el yan...las dos caras de una misma moneda. 
Pensamientos positivos puesto en modo ON con carácter urgente. Esa fue la consigna. Así lo hice a la velocidad de los neutrinos, sin dar tregua a la negatividad de campar a sus anchas.

Aún con esas, he de decir que en ningún momento dudé de mi capacidad para poder terminar, por mucho que el tiempo límite de 6 horas fuese en mi contra o que a mitad de camino llegara a pensar que me quedaba allí para siempre a criar malvas (o pushing daysis que me gusta más como suena). Pues ni por esas!...

Empezamos con subidas y bajadas y así continuamos hasta el km5 más o menos. A partir de ahí se inicia un largo sube sube continuo y pesado que dura hasta casi el km 12 (a 2020 metros de altura). 
Yo esperaba ese km como un niño espera a los reyes magos, ya que de ahí al km 27 era todo bajada. 15 kms de bajada!!. Sonaba del copón y a mi me parecía que esa iba a ser la salvación a todos mis males. De hecho, esa bajada me había hecho temerle a esta carrera, de 0 a 10, CERO!...
Pero...meeeecccc....error!!!!!!!!(si es que no se puede ser tan ilusa!!).

El continuo descenso empinado con el inevitable freno de mano puesto sin cesar, me puso a los cuádriceps en pie de guerra. Quedaba mucha carrera por delante y entre dientes les oí decirme..."tu sigue bajando, sigue, que como sigas nos vamos a estirar hasta tu garganta!"...

Pero ese mal era subsanable al fin y al cabo...bajar más despacio y controlar los golpes contra ese suelo al que bauticé como "choco krispis" (pues eso es lo que me daba la sensación de ir pisando sin parar), ayudó algo a la mejoría...lo que no fue tan fácil subsanar fue el sustazo que me llevé tras parar en  el 1er avituallamiento del km16.

Allí fue donde decidí tomar un gel de esos con cafeína. Yo no suelo tomarla, de hecho no me he tomado un café en mi vida (bueno si, uno, del que recuerdo como si fuese ayer las 48 horas que estuve sin poder dormir). No es que esté loca y decidiera ese día probarlo (que lo he tomado otras muchas veces en carrera), sino que el Domingo mi cuerpo se ve que estaba en plan anti-todo y decidió también revelarse contra la cafeína. Y menuda me montó!!!...al cabo de unos minutos de haberlo tomado y estando de nuevo sola por esos caminos volcánicos, mi corazón empezó a cabalgar cual caballo desbocao.
Un cabalgar que me iba desde el pecho a la boca haciéndome hasta sentir ahogo y por el cual empecé a toser sin tregua. Vi que aquello iba a más, que ni bajando de ritmo se me pasaba. Miré el pulsómetro y ya iba a 190 ppm (más del 100% de mi máxima)...así que ahí fue cuando decidí parar del todo. 
Me imaginé por un segundo que me moría de un ataque al corazón allí mismo y me cagué en la cafeína, en los campos de Colombia, en el anuncio de Saimaza, en la Nespresso y hasta en el George Clooney (ya era grave la cosa).

Esperé mirando el pulsómetro, como quien mira de arriba a abajo en una noria...
"por dios que me bajen ya"!!...
Y no sé el tiempo que paré pero volví en mi...y pedí mentalmente perdón a George Clooney (por si las flies).

Inevitablemente ese momento marcó un antes y un después en mi carrera. Como dice Meritxell en su canción..."poco a poco, paso a paso, disfrutando del camino"...

Y empecé a disfrutar de hacer fotos, de los paisajes tan espectaculares, de los bosques de pinos, de las hojas otoñales amarillas haciendo de alfombra, de la negrura de aquellas piedras simulando pertenecer a otra galaxia, de la cantidad de turistas y paseantes con los que me cruzaba y que me decían..."forza ragazza"!...
Disfruté de todo; de todo, menos de correr. Mi único propósito era llegar antes del cierre y acabar con el martirio. Me costó lo mío y lo de 3 más.

La siguiente subida que duraba nada menos que 8 kms fue derrotadora. Apreté los dientes, me mandé una retahíla de frases positivas a la mente y al corazón y fui subiendo como mejor pude. Me encontré con un par de ingleses que también hacían la carrera y que iban pasándolo fatal. No era una visión que animara mucho, pero entre darle un poquito de fuerza a uno y un antiinflamatorio al otro, pues como que algo se me pasaron las penas. Mal de muchos...

Por fin el km 35 y último tramo de bajada (por llamarlo de alguna forma, porque las bajadas eran toboganes de sube-baja más largos que los de aqualandia). 7 kms para el final que me parecieron 70.

A partir del 38, empezaron a marcar los kms que faltaban en pancartas.

5...me encontré con un corredor italiano
4...nos ponemos a animarnos mutuamente 
3...eso ya no era nada, para entretenernos, él me pasa, yo le paso
2...empiezo a imaginar cómo de largos son 2 kilómetros en mis entrenamientos habituales...veo la ruta del colesterol, el eroski a lo lejos...incluso hasta parece que veo ya Carcaixent (pueblo al lado de Alzira).
1...el gps me marca la llegada del km42, El corredor italiano y yo vamos juntos...la meta debe estar al caer...la sonrisa nos ocupa toda la cara...

pero no llega...
y seguimos corriendo por camino de pinos más vacío que la nada.
Sin gente...sin sonido ni olor a meta.
Eterno no era exactamente la palabra.

En voz alta digo..."JODER, ¿Dónde está la puta meta?"...
El italiano me acompaña con un "PUTTANA"...y alguna palabra más que no capisco...

Giramos la última curva y allí veo el arco de meta.
Por mi cabeza, mi corazón, mis piernas y mi boca solo sale un POR FIN!! 

Y vencí tran 5h34min. Vencí porque fue duro. Vencí porque la mente juega un papel esencial ante situaciones como ésta y la mía fue una gran luchadora. Vencí porque pude conmigo misma. Vencí a mi propio cuerpo. Y me sentí dichosa al saberme capaz de estar por encima incluso de lo físico. No es solo cuestión de tener las piernas fuertes, la mente ha de ser más fuerte que ellas, por eso hay que entrenar a ambas.
Yo estoy en el camino. En ese camino en el que todas las flechas me indican que elija la dirección que elija, acertaré, principalmente porque siempre seré fuerte para poder con todo lo que la vida me depare y ofrezca.